
El arte ha formado parte de mi vida desde niña. Estudié Bellas Artes y más adelante, Marketing y Comunicación. He trabajado como ilustradora, como responsable de un departamento de comunicación estratégica
y durante años, creando proyectos museográficos.
Desde el diseño a la coordinación
de producción he tomado caminos aparentemente distintos que me enseñaron algo esencial: el espacio comunica y las imágenes construyen significado, pero crear sólo adquiere sentido cuando hay un objetivo más allá de lo puramente estético.
Trabajo principalmente en formatos medios y grandes, desde una relación física con la obra. El cuerpo,
el gesto, la materia y el tiempo forman parte del proceso, utilizando muchas veces materiales de secado rápido que me obligan a decidir y actuar dejando espacio a lo inesperado. No busco la perfección, sino una pintura viva, honesta e irrepetible.
Por otro lado, la abstracción me permite hablar de aquello que no siempre puede explicarse con palabras. Prefiero no imponer un relato, sino abrir la opción de que cada persona encuentre el suyo. Mis piezas buscan más interpelar que explicar.
Entiendendo, así, el arte como un legado a dos bandas, no me sirve que algo sea simplemente decorativo. Una obra transforma un espacio, pero también puede formar parte de la vida de quien lo habita. Y es ahí, cuando deja el estudio y empieza a construir nuevos significados, donde para mí la pintura completa su sentido.
